El poder del agradecimiento

El poder del agradecimiento

El poder del agradecimiento

 

El agradecimiento te ayuda a tener una actitud que favorece la felicidad.

La felicidad no es lo que tienes sino cómo lo tienes, es decir, la actitud que tienes ante determinadas situaciones de la vida. Por tanto, el agradecimiento es la llave para acercarte a la felicidad.

En situaciones difíciles se pone de manifiesto tu capacidad de resolver conflictos. Para ayudarte a mantener una actitud constructiva te invitamos a atrapar la felicidad de las sencillas cosas del día a día. O como dice Ignacio Berciano «atrapar la felicidad con pequeñas redes». En la medida que cultivas la gratitud le restas espacio al resentimiento. Te invitamos a hacer las siguientes reflexiones:

¿Por cuántas cosas podrías sentir agradecido?

¿Sueles expresarle tu gratitud a las personas de tu alrededor?

¿En qué situaciones te cuesta menos estar agradecido? ¿Y en cuáles más?

Para ello os invitamos a cultivar la gratitud hacia las pequeñas acciones que hacen grande tu vida. Escríbele a esas personas que han colaborado a ser lo que eres ahora.

Descarga esta postal de agradecimiento

postal de agradecimiento

Gracias por leer estas palabras. Esperamos de corazón que te gusten

 

Cristina García Van Nood, psicóloga en Ampsico

 

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Los deberías: esclavos de nuestras autoexigencias

Los deberías: esclavos de nuestras autoexigencias

En nuestro día a día nos enfrentarnos no sólo con las demandas que nos marca la sociedad y el ritmo de vida, sino también con aquellas exigencias que nos imponemos a nosotros mismos, a través de un diálogo en el que emisor y receptor son la misma persona. Tal vez no te hayas parado a reflexionar sobre ello, pero ese discurso interno muchas veces está repleto de una serie de mandatos rígidos y reglas que llegamos a creer que son  de obligado cumplimiento; nos referimos a los “debería” y los “tendría que…”.

Los pensamientos formulados en términos de debería y tendría que se aplican no sólo a uno mismo, sino también a otras personas y al mundo o la vida en general. Podemos citar varios ejemplos:

-Referidos a uno mismo: “Tendría que adelgazar”, “debería tener éxito siempre”

-Referidos a los demás: “Los demás/otros tendrían que ser amables y considerados conmigo”

-Referidos a la vida/el mundo: “La vida debería ser justa”

Como vemos, esta forma de pensar nos lleva a interpretar la realidad en términos absolutos, carentes de flexibilidad, y las consecuencias emocionales de querer alcanzar a toda costa estas expectativas pueden ser bastante negativas, generándonos sentimientos de profunda culpabilidad, ira/rabia, frustración, impotencia, insatisfacción, y repercutiendo también en nuestra autoestima.

Pero, ¿de qué forma surgen estas maneras de pensar? Suelen formar parte de un aprendizaje que comienza a partir de experiencias tempranas, de la influencia que ejerce sobre nosotros el entorno (la familia, los amigos, la sociedad…), cómo poco a poco vamos seleccionando e interiorizando determinados patrones de pensamiento que creemos que son adecuados por el refuerzo externo que obtenemos y que nos impulsa a repetir un modo de pensar o de actuar concretos.

El hecho de que este tipo de creencias estén, a priori, tan fuertemente arraigadas, no quiere decir que no se puedan modificar. El primer paso consiste en darnos cuenta de su existencia, identificarlas y hacerlas conscientes. A continuación, podemos cuestionarnos su utilidad: ¿Voy a conseguir ser más feliz por cumplir esas exigencias? ¿Voy a obtener la aprobación de los demás si hago las cosas o pienso como creo que esperan de mí? ¿Realmente es necesario para mí, para mantener mi coherencia, mis principios, mis valores, actuar conforme a ese tipo de mandatos?

Para ayudarnos en el cuestionamiento de estas normas autoimpuestas, empecemos por replantearnos el modo en que nos hablamos. La idea es afinar nuestro lenguaje, suavizándolo. Por ejemplo, ¿por qué no cambiar los “debería/tendría que…” por “me gustaría/preferiría/quiero”? De este modo, pasamos de utilizar una formulación imperativa a otra que nos predispone más a actuar con decisión.

En definitiva, se trata de ser amables con nosotros mismos. Al fin y al cabo, tú eres la persona más importante de tu vida.

Begoña López

Cómo hacer críticas y evitar conflictos

Cómo hacer críticas y evitar conflictos

Díselo, pero hazlo de forma asertiva.

Cuando nos comunicamos con los demás, solemos emplear un estilo de comunicación determinado y con bastante probabilidad ese estilo marcará la forma que tomen nuestras relaciones en el futuro.

Existen tres estilos de comunicación diferentes. Aunque empleamos todos en un momento u otro, suele ser uno el que más se repetimos y, por lo tanto, el que más nos representa.

  • Estilo PASIVO.
  • Estilo ASERTIVO.
  • Estilo AGRESIVO.

Las consecuencias que obtenemos al utilizar cada uno de los estilos son muy distintas. Al emplear el estilo pasivo, no tenemos en cuenta nuestros derechos ni deseos y nos centramos en complacer los deseos de los demás, aún sin querer hacerlo, con el objetivo de evitar un conflicto. En el extremo opuesto se encontraría el estilo agresivo, en el que impongo mi voluntad sin ponerme en el lugar del otro, lo que genera tensión y malestar en los demás. Efectivamente, como estarás pensando, es el estilo asertivo aquel que facilita la comunicación y que produce consecuencias más positivas tanto en el emisor como en el receptor de una conversación, ya que tiene su base es el respeto, tanto de mí mismo como de los demás.

Una de las situaciones que más dificultades genera en la comunicación, es expresar aquello que no nos gusta. Podemos llegar a sentirnos atacados y responder, así, con otro ataque, llevando por bandera un estilo agresivo. O darse todo lo contrario, y que decidamos no decir nada para avitar una confrontación. La ira y el miedo serán la emociones que guíen cada una de estas actuaciones respectivamente.

Es por eso que hoy queremos mostraros una fórmula para poder hacer una crítica de forma asertiva. Se asemeja en su estructura a un bocadillo. Estos son los pasos a seguir:

  • En primer lugar, iniciaremos la conversación con una expresión agradable, que anime al interlocutor a escucharnos (pan).
  • A continuación, pasaremos a explicar qué es aquello que no nos ha gustado (relleno); es importante ser claro y específico. Explica cómo te hace sentir ese hecho y cómo te gustaría que fuera su comportamiento la próxima vez.
  • Por último, cerramos con una nueva expresión agradable (pan) que facilite el diálogo.cómo hacer críticas de forma asertiva. Fórmula bocadillo.

Recuerda que es importante mantener un tono de voz adecuado, el contacto visual y mostrar firmeza;  todo ello tanto en tus gestos como en tus argumentos, pero sin ser brusco.

Prueba esta nueva fórmula y compara los resultados con los que has obtenido en otras circunstancias. Seguro que no te defraudará.

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