Con frecuencia, cuando eramos pequeños, nos enseñaron a gestionar las emociones de una sola manera: mediante la negación. Cuando teníamos miedo, nos decían: “No debes tener miedo”. Si nos enfadábamos: “No te enfades”. Si estábamos tristes y llorábamos: “No llores, no debes estar triste”.

Las emociones no se pueden negar ni eliminar, tanto las que nos hacen sentir bien como las que no. Como decía Carl Yung: “Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma”.Miedo que bloquea

Se pueden describir dos tipos de miedo. El primero de ellos es el miedo que nos hace estar alerta cuando existe un peligro y nos ayuda a superarlo. El segundo, el que nos bloquea. Este es un miedo mental que nos crea inseguridad, falta de confianza, nos quita fuerza. Nos limita para avanzar y se apodera de nuestra vida tomando el poder de dirigirla. El miedo a vivir, nos lleva a estar “ausentes” en la experiencia, nos saca de nuestro centro y nos impide vivir plenamente nuestro ser.

 

Te propongo que te tomes 10 minutos para realizar este ejercicio:

  1. Elige un momento del día y lugar tranquilos, quizás al despertar o al anochecer antes de ir a dormir.
  2. Siéntate en una posición de meditación o sobre una silla con los pies apoyados en el suelo y cierra los ojos.
  3. Inspira y expira por la nariz. Si te resulta incómodo, puedes hacerlo por la boca.
  4. Al inspirar llena los pulmones de abajo a arriba, primero el abdomen bajo, luego el medio y, por ultimo, el pecho.
  5. Al expirar deja que se vaya vaciando de arriba a abajo.
  6. Lo esencial en la vida es ser. Ser es nuestro estado natural, ¿qué temores obstaculizan que podamos ser?
  7. Disponte ahora a observar tus miedos. Mira las sensaciones que te provoca. ¿En qué parte del cuerpo lo sientes? ¿Qué color tiene? Observa las imágenes mentales que te evoca, que te dice de ti, y de ti en relación con el mundo.
  8. Obsérvalo sin más, no los juzgues.
  9. Fija ahora un centro en ti mismo, por ejemplo en tu abdomen o el plexo solar. Coloca allí tus manos.
  10. Siente como la respiración emana de tu centro y vuelve  a él. La inhalación te proyecta, te lleva a tu centro y la exhalación parte del mismo.
  11. Permanece atento a tu centro, a tu respiración. A la experiencia de estar en tu centro.
  12. Para salir de esta práctica, hazlo poco a poco, abre los ojos, mueve un poco las manos, lo pies, las piernas o estírate si es lo que te apetece hacer.

 

Te dejo este audio por si quieres utilizarlo para ello.

 

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