Oct 4, 2016 | Inteligencia Emocional, Problem Solving, Sin categoría
Los seres humanos poseemos una formidable capacidad de complicarlos la vida. Podemos llegar a manifestar tormentosas, retorcidas y persistentes patologías, tales como fobias, trastornos de pánico, obsesiones, manías, anorexia, bulimia, depresión, crisis de pareja, y muchos otros.
Un aspecto fundamental para el conocimiento de los problemas humanos, para saber cómo se construyen y de qué manera se pueden resolver, es saber que lo que construye un problema y lo mantienen es precisamente lo que las personas intentan hacer para resolverlo. Una tentativa de solución que no funciona, si es reiterada, no solo no lo resuelve, sino que lo complica, hasta llegar a construir un verdadero círculo vicioso.
Sabemos que la realidad cambia según el punto de vista de quien la mira: esto conduce a reacciones diversas sobre la base de diferentes atribuciones que se pueden hacer de la misma realidad. Diremos que cada persona crea su propia realidad sobre la base de lo que hace, guiada por la perspectiva que asume en la percepción de la realidad con la cual interactúa. Ya afirmaba Oscar Wilde “no existe una realidad verdadera, sino tantas realidades como se puedan inventar”.
Con esto deber
íamos constatar que no existe un conocimiento realmente verdadero de las cosas, solamente puede existir un conocimiento idóneo, o bien un conocimiento instrumental que nos permita administrar la realidad con la cual interactuamos. Que permita adaptarnos eficazmente a lo que percibimos y cuyo desarrollo se presenta mediante un conocimiento operativo que nos enseña a gobernar la realidad del modo más funcional posible.
Lo plantearemos de forma algo más clarificadora con una historia:
“En un día de mucho calor, un padre y su hijo emprenden un viaje, con un asno, para visitar a unos parientes que viven en una ciudad lejana a su comarca.
El padre va montado sobre el asno y el hijo camina a su lado. Cuando pasan delante de un grupo de personas, el padre escucha que éstos dicen:
– Miren eso, ¡que padre tan cruel!, va sobre el asno y su hijo debe andar en un día tan caluroso.
Entonces el padre baja del asno, hace subir al hijo y continúan así el camino. Pasan frente a otro grupo de personas y el padre escucha que dicen
– Pero miren el pobre viejo camina, en un día tan caluroso, y el joven va muy cómodo sobre el asno: ¡qué clase de educación es esa!
El padre entonces piensa que lo mejor es que los dos vayan sobre el asno, y así continúan el camino. Poco después pasan por otro grupo de personas y escuchan a estos decir:
– ¡Observar qué crueldad!, esos dos no tienen ni un poco de misericordia con ese pobre animal que debe cargar con tanto peso en un día tan caluroso.
Entonces el padre se baja del asno, y hace bajar también a su hijo, y continúan caminando junto al asno. Pasan pues por enfrente de otro grupo de personas, que dicen:
– ¡Qué imbéciles esos dos!, en un día tan caluroso caminan a pesar de que tienen un asno sobre el cual podrían montar…”
Ya el conocido filósofo Locke, afirmaba que en realidad consideramos “insensatos a quienes partiendo de premisas equivocadas y usando una lógica correcta y convincente, llegan a conclusiones erróneas”. Diremos que cada persona crea su propia realidad sobre la base de lo que hace, guiada por la perspectiva que asume en la percepción de la realidad con la que interactúa.
Lo que es sorprendente para muchos es que lo que guía a las personas a reiterar la práctica de actitudes y comportamientos disfuncionales no es una “propensión genética” a la patología (salvo excepciones aún así discutibles), sino el aplicar, de manera rígida, soluciones que anteriormente habían funcionado en problemas del mismo tipo. El problema radica en aplicar tentativas de solución aparentemente adecuadas y sobre todo en insistir en su aplicación incluso después de comprobar el fracaso.
Para entenderlo mejor, narraremos una antigua fábula griega:
“Había una mula que todas las mañanas llevaba una carga de leña desde la granja en el valle hasta la cabaña en la montaña, pasando siempre por el mismo sendero a través del bosque, subiendo por la mañana y regresando al anochecer. Una noche, durante una tormenta, un rayo derribó un árbol que obstruyó el sendero. A la mañana siguiente, la mula caminando en su habitual camino, tropezó con el árbol que le impedía el camino. La mula pensó: “el árbol no debe estar aquí, está en un lugar equivocado” y continuó hasta golpear su cabeza contra el árbol, imaginando que éste se desplazaría, ya que ese no era su sitio. Como el árbol no se movió, la mula pensó “quizás no he dado un golpe suficientemente fuerte”, pero el árbol seguía sin moverse. La mula insistió repetidamente…”. Dejamos intuir al lector el trágico final en está fábula.
La vida está llena de eventos problemáticos para cualquiera; la diferencia está en “cómo” cada uno de nosotros afrontamos nuestras realidades, ya que esto conducirá a aplicar tentativas de solución que pueden llevar no solo a la no-solución del problema, sino incluso, a su complicación.
En otros términos, errar es humano pero es la incapacidad de modificar los propios errores lo que vuelve las situaciones en irresolubles. Esta resistencia a cambiar las estrategias en la solución a nuestros problemas, se basa en las experiencias precedentes con resultados favorables al afrontar problemas de la misma tipología. Pero como dice Oscar Wilde “con la mejor de nuestras intenciones, en ocasiones llegamos a los peores de los efectos”. Cuando creamos una idea de una experiencia vivida como eficaz, tenemos grandes dificultades para cambiar una convicción propia. Así pues, cuando las personas insistimos en seguir aplicando estrategias de soluciones disfuncionales con una determinada realidad, lo que mantiene el problema es precisamente lo que hacemos, sin éxito, para resolverlos.
Para crear un cambio y construir una realidad más funcional, desde la perspectiva del problem solving y la terapia estratégica, no tomaremos en consideración el modo en que el problema se ha formado en el pasado, sino cómo éste se mantiene en el presente. Lo que debemos interrumpir, cuando queremos cambiar una realidad, es su persistencia; sobre su formación ocurrida en el pasado, no tenemos ningún poder de intervención. Recurrir a informaciones sobre el pasado de la persona, representa un medio para poder preparar las mejores estrategias de solución de los problemas.

En realidad no existe ninguna conexión “causal lineal” entre cómo un problema se crea y cómo éste persiste y cómo puede ser cambiado y resuelto. En cambio, si existe una “causalidad circular” entre cómo un problema persiste y lo que las personas hacen para resolverlo sin éxito. Cuando se pretende provocar cambios, lo importante es concentrarse en las tentativas de solución disfuncionales, ya que cambiando o bloqueando éstas, se interrumpe el círculo vicioso que alimenta la persistencia del problema. Una intervención llevará a la ruptura del equilibrio disfuncional creando otro equilibrio más funcional, basado en nuevas percepciones de la realidad, resolviendo el problema.
En relación a las resistencias al cambio y el equilibrio disfuncional, deberemos pues crear experiencias perceptivas concretas que pongan a la persona en condiciones de sentir algo distinto con relación a la realidad que debe cambiar, para abrir de este modo la puerta a reacciones diferentes, ya sea de tipo emotivo o comportamental. El famoso cibernético Heinz von Foerster, afirmaba “si quieres ver, aprende a obrar”. La idea es que para obrar de un modo diferente sea necesario antes aprender a ver el mundo de un modo diferente. Con esto aprenderemos antes a obrar de forma diferente para poder entender de forma diferente y así cambiar nuestra propia percepción de la realidad.
Para la superación de un problema se requiere primero la ruptura del sistema circular de retroacciones entre el sujeto y su realidad, el cual mantiene la situación problemática. A esta fase, le sigue la redefinición y consiguiente modificación de las representaciones del mundo que obligan a la persona a crear respuestas disfuncionales.
Los seres humanos nos relacionamos con la realidad, y a partir de ahí cada uno de nosotros la relaciona con nosotros mismos, con los otros o con el mundo. Mediante este proceso los sujetos construimos la realidad que nosotros mismos sufrimos o manejamos.
“Yo he hecho esto” dice mi memoria.
“Yo no puedo haber hecho esto” dice mi orgullo, y se mantiene inamovible.
Al final la memoria se rinde.
FRIEDRICH NIETZSCHE. Como se filosofa a martillazos


Jun 26, 2016 | Nuestro equipo de cerca, Psicología
En esta sección de nuestro blog seguimos conociendo un poco más sobre las personas que formamos Ampsico.
Este mes hemos entrevistado a nuestra compañera Mercedes Blas que nos ha hablado sobre algunos aspectos de su vida y su profesión. Aquí os dejamos sus palabras.
¿Qué querías ser de pequeña?
Aunque no suene muy original, me encantaban los animales, en especial los perros, y siempre decía que de mayor iba a ser veterinaria, hasta que me enteré de que los veterinarios no sólo jugaban con los perros sino que también tenían que operarles… entonces decidí que eso era mejor dejárselo a otros.
¿Un recuerdo de tu infancia/adolescencia?
Es difícil quedarme con un solo recuerdo porque se me agolpan muchos a la vez: las tardes de parque de atracciones con mi familia, las míticas hamburguesas de los viernes con mis tíos y mi prima, los mil momentos cómplices con mis amigas…y los muchos que me dejo por el camino pero que forman parte de lo que soy.
¿Por qué decidiste ser psicóloga?
Siempre me ha gustado escuchar a los demás, me metía en todos los charcos intentando resolver las rencillas en clase…pero el punto de inflexión que me hizo querer enfocar mi vida hacía la psicología fue la visita a un familiar que estaba ingresado en un centro psiquiátrico. Fue entonces cuando me di cuenta de que tenía que hacer algo para ayudar a personas, que como las que me fui encontrando allí, estaban pasando por momentos delicados.
¿Qué es lo que más te gusta de tu profesión?
Sin ninguna duda, poder ayudar a las personas que lo necesiten y que, contigo como guía, su calidad de vida mejore. Que un niño con el que has trabajado durante un tiempo, te vea y se acerque corriendo a ti con una sonrisa para abrazarte tampoco tiene precio. Son esas pequeñas cosas las que hacen de este trabajo algo muy grande.
¿El mayor reto al que te has enfrentado en tu profesión?
Cada nuevo paciente, cada nuevo taller supone un reto para mí. Pero uno de los más complicados a los que me he enfrentado es la dificultad de poder conectar con la persona que tienes delante, cuando se construyen barreras muy rígidas que son difíciles de romper, tanto en esa persona como en su entorno
¿Una canción y una emoción?
Como buena romántica que soy, una de mis canciones favoritas es “All of me” de John Legend. Me pone la piel de gallina desde que suenan los primeros acordes. En cuanto a la elección de una emoción mi favorita es el amor, una emoción que al experimentarla engloba otras muchas: alegría, ilusión, orgullo, satisfacción…
Alguien a quien admiras y se merecería una entrevista.
El hecho de que cada persona sea única, hace que todos tengamos una historia que contar, una lección de la que los demás podemos aprender… desde el científico más prestigioso hasta la persona más humilde.
Tu lugar favorito en el mundo.
No tengo un lugar favorito. Hay lugares muy distintos que se me han quedado muy grabados, desde Las Pirámides de Egipto hasta un banco del barrio. Lo que hace grande un lugar es la compañía con la que lo disfrutas.
¿Qué otras pasiones tienes?
Me encanta leer, disfrutar de los míos, los días de sol y playa…
¿Puedes recordar lo último que aprendiste impartiendo un taller o dando una sesión? (Del paciente, niño, etc.)
Algo que admiro mucho de los más pequeños desde que trabajo con ellos es la capacidad que tienen para hacer frente a los conflictos que surgen y la inocencia y claridad con la que exponen lo que sienten y cómo son capaces de ponerse en el lugar del otro. Es una lección de la que deberíamos tomar nota muchos adultos.
Un material que te guste mucho para trabajar y que recomendarías.
Me gusta mucho el cuento “El monstruo de colores” para trabajar las emociones con los niños. Asocia las emociones básicas con colores, y eso hace que ellos las reconozcan muy bien. Otro de los materiales que hemos introducido este año en nuestros talleres es el Emocionómetro, un termómetro emocional con el que trabajamos al comienzo de cada sesión y que ayuda a los niños a identificar como se sienten en ese momento concreto.
Para terminar, una frase que tengas presente en el día a día.
“Disfruta de los pequeños detalles” y “Arrepiéntete de lo que hagas y no de lo que podría haber sido si lo hubieras hecho” son dos lemas que intento tener muy presentes en mi día a día. A la hora de conseguir tus sueños creo que es fundamental ser valiente y lanzarse a por ello, viviendo al máximo cada pequeño avance que te lleve hasta la meta.
Abr 20, 2016 | Aprendizaje, formación, Problem Solving, Psicología, Solución de Problemas
Cómo aprender a resolverlos.
Los seres humanos poseemos una formidable capacidad de complicarlos la vida. Podemos llegar a manifestar tormentosos, retorcidos y persistentes problemas que en ocasiones se convierten en patologías, tales como fobias, trastornos de pánico, obsesiones, manías, anorexia, bulimia, depresión, crisis de pareja, y muchos otros.
Un aspecto fundamental para el conocimiento de los problemas humanos, para saber cómo se construyen y de qué manera pueden ser resueltos, es saber que lo que construye un problema y lo mantienen es precisamente lo que las personas intentan hacer para resolverlo. Una tentativa de solución que no funciona, si es reiterada, no solo no lo resuelve, sino que lo complica, hasta llegar a construir un verdadero círculo vicioso.
Sabemos que la realidad cambia según el punto de vista de quien la mira. Esto conduce a reacciones diversas dependiendo de las diferentes visiones que se pueden hacer de la misma realidad. Diremos que cada persona crea su propia realidad sobre la base de lo que hace, guiada por la visión de su realidad con la cual interactúa. Ya afirmaba Oscar Wilde “no existe una realidad verdadera, sino tantas realidades como se puedan inventar”.
Lo plantearemos de forma algo más clarificadoracon una historia:
“En un día de mucho calor, un padre y su hijo emprenden un viaje, con un asno, para visitar a unos parientes que viven en una ciudad lejana a su comarca.
El padre va montado sobre el asno y el hijo camina a su lado. Cuando pasan delante de un grupo de personas, el padre escucha que éstos dicen:
Entonces el padre baja del asno, hace subir al hijo y continúan así el camino. Pasan frente a otro grupo de personas y el padre escucha que dicen
El padre entonces piensa que lo mejor es que los dos vayan sobre el asno, y así continúan el camino. Poco después pasan por otro grupo de personas y escuchan a estos decir:
Entonces el padre se baja del asno, y hace bajar también a su hijo, y continúan caminando junto al asno. Pasan pues por enfrente de otro grupo de personas, que dicen:
Con esto deberíamos constatar que no existe un conocimiento realmente verdadero de las cosas, solamente puede existir un conocimiento idóneo en cada caso, que nos permita manejar la realidad con la que vivimos. Que permita adaptarnos a lo que percibimos y cuyo desarrollo se presenta mediante un conocimiento que nos enseña a gobernar nuestra realidad del modo más operativo posible.
Ya el conocido filósofo Locke, afirmaba que en realidad consideramos “insensatos a quienes partiendo de premisas equivocadas y usando una lógica correcta y convincente, llegan a conclusiones erróneas”.
Lo que es sorprendente para muchos es que lo que guía a las personas a repetir lapráctica de soluciones disfuncionales no es una “propensión genética” a la patología (salvo excepciones aún así discutibles), sino el aplicar, de manera rígida, soluciones que anteriormente habían funcionado en problemas del mismo tipo. El problema radica en aplicar tentativas de solución aparentemente adecuadas y sobre todo en insistir en su aplicación incluso después de comprobar el fracaso.
Para entenderlo mejor, narraremos una antigua fábula griega:
“Había una mula que todas las mañanas llevaba una carga de leña desde la granja en el valle hasta la cabaña en la montaña, pasando siempre por el mismo sendero a través del bosque, subiendo por la mañana y regresando al anochecer. Una noche, durante una tormenta, un rayo derribó un árbol que obstruyó el sendero. A la mañana siguiente, la mula caminando en su habitual camino, tropezó con el árbol que le impedía el camino. La mula pensó: “el árbol no debe estar aquí, está en un lugar equivocado” y continuó hasta golpear su cabeza contra el árbol, imaginando que éste se desplazaría, ya que ese no era su sitio. Como el árbol no se movió, la mula pensó “quizás no he dado un golpe suficientemente fuerte”, pero el árbol seguía sin moverse. La mula insistió repetidamente…”. Dejamos intuir al lector el trágico final en está fábula.
La vida está llena de eventos problemáticos para cualquiera; la diferencia está en “cómo” cada uno de nosotros afrontamos nuestras realidades, ya que esto conducirá a poner una solución que puede llevar no solo a la no-solución del problema, sino incluso, a su complicación.
En otros términos, errar es humano pero es la incapacidad de modificar los propios errores lo que vuelve las situaciones en irresolubles. Esta resistencia a cambiar las estrategias en la solución a nuestros problemas, se basa en experiencias anteriores con resultados favorables al afrontar problemas del mismo tipo. Pero como dice Oscar Wilde “con la mejor de nuestras intenciones, en ocasiones llegamos a los peores de los efectos”. Cuando creamos una idea de una experiencia vivida como eficaz, tenemos grandes dificultades para cambiar una convicción propia. Así pues, cuando las personas insistimos en poner soluciones que no nos llevan a la solución con una determinada realidad, lo que mantiene el problema es precisamente lo que hacemos, sin éxito, para resolverlos.
Para crear un cambio y construir una realidad más funcional, no tomaremos en consideración el modo en que el problema se ha formado en el pasado, sino cómo éste se mantiene en el presente. Lo que debemos interrumpir, cuando queremos cambiar una realidad, es su persistencia; sobre su formación ocurrida en el pasado, no tenemos ningún poder de intervención.
En realidad no existe ninguna conexión “causal lineal” entre cómo un problema se crea y cómo éste persiste y cómo puede ser cambiado y resuelto. En cambio, si existe una “causalidad circular” entre cómo un problema persiste y lo que las personas hacen para resolverlo sin éxito. Cuando se pretende provocar cambios, lo importante es concentrarse en las tentativas de solución disfuncionales, ya que cambiando o bloqueando éstas, se interrumpe el círculo vicioso que alimenta la persistencia del problema.
En ocasiones nos oponemos al cambio y nos resistimos en un equilibrio que no nos gusta y es incluso disfuncional, pero no podemos evitar hacerlo. Deberemos crear experiencias emotivas diferentes y concretas que pongan a la persona en condiciones de sentir algo distinto con relación a la realidad que debe cambiar, para abrir de este modo la puerta a reacciones diferentes, ya sea de tipo emotivo o comportamental.
El famoso cibernético Heinz von Foerster, afirmaba “si quieres ver, aprende a obrar”. La idea es que para obrar de un modo diferente sea necesario antes aprender a ver el mundo de un modo diferente. Con esto aprenderemos antes a obrar de forma diferente para poder entender de forma diferente y así cambiar nuestra propia percepción de la realidad.
Para la superación de un problema se requiere primero la ruptura del sistema circular entre el sujeto y su realidad, el cual mantiene la situación problemática. Una vez conseguido esto, hay que redefinir y modificar las visiones del mundo que hasta ahora han obligado a la persona a crear respuestas que hacen mantener el problema. A esta fase, le sigue la redefinición y consiguiente modificación de las visiones del mundo que han obligado a la persona a crear respuestas disfuncionales.
Los seres humanos nos relacionamos con la realidad, y a partir de ahí cada uno de nosotros la relaciona con nosotros mismos, con los otros o con el mundo. Mediante este proceso construimos la realidad que nosotros mismos sufrimos o manejamos. Este es el secreto…

“Yo he hecho esto” dice mi memoria. “Yo no puedo haber hecho esto” dice mi orgullo, y se mantiene inamovible. Al final la memoria se rinde.
FRIEDRICH NIETZSCHE. Como se filosofa a martillazos


Abr 5, 2016 | Psicología
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Muchas personas esperan con entusiasmo la llegada de la primavera. En el transcurso de esta época del año, las temperaturas suelen ser más elevadas (aunque de momento este año el buen tiempo se resiste a quedarse con nosotros) y hay más horas de luz, debido al cambio horario que tiene lugar el último fin de semana del mes de Marzo. Estas circunstancias suelen favorecer una mayor disposición a realizar más actividades de ocio, excursiones al aire libre, etc. Pero también la primavera puede generar algunas alteraciones en nuestro organismo que influyen en nuestra calidad de vida. En concreto, vamos a conocer un poco más a continuación en qué consiste la astenia primaveral.
La astenia primaveral se caracteriza principalmente por una sensación general de debilidad, tanto a nivel físico como psíquico, así como una falta de energía y de vitalidad. Dentro de los síntomas físicos podemos encontrar, entre otros, problemas para dormir (por ejemplo, sueño no reparador, es decir, sentir que no se ha descansado durante la noche pese a dormir un número considerable de horas), fatiga o cansancio, así como pérdida del apetito. A nivel psicológico podemos tener dificultades para concentrarnos, problemas de memoria, apatía (entendida como desgana o desinterés) e incluso sentimientos de tristeza y vacío. Todo ello nos hace más complicado y trabajoso el hecho de enfrentarnos a los quehaceres y tareas de nuestra rutina diaria en las
distintas esferas de la vida: laboral, familiar, social, etc.
Las causas de esta alteración estacional no están del todo claras, aunque se sospecha una relación con los cambios climatológicos, así como los procesos alérgicos asociados a esta época del año. Parece ser que las mujeres la sufren en mayor medida que los hombres, y el rango de edad de aparición oscila entre los 20 y los 50 años de edad.
Pero entonces, ¿estamos hablando de una enfermedad? ¿Se podría considerar un síndrome? No necesariamente; vamos a aclarar un poco esta cuestión. En términos generales, la astenia primaveral supone un desajuste puntual y pasajero, una alteración que puede ser, a priori, fácilmente reversible, en la medida en que nuestro organismo consiga adaptarse lo más rápidamente posible a los cambios climatológicos y de horas de luz que caracterizan a esta estación. Habitualmente, se trata de una afectación leve, que suele desaparecer en pocos días, incluso sin que llegue a ser precisa la implantación de un tratamiento que combata directamente los síntomas. No obstante, en algunas ocasiones, la astenia puede agravarse, debido a que se prolonga demasiado en el tiempo, siendo la sintomatología cada vez más frecuente e intensa. Si se da esa situación, es recomendable acudir a un profesional especializado, ya que en esos casos la astenia primaveral podría evolucionar hacia el inicio de un trastorno del estado del ánimo, o también, por otro lado, hacia el llamado “síndrome de fatiga crónica”, el cual puede llegar a interferir de forma significativa en la vida de las personas que lo padecen.
Con el fin de superar con éxito la astenia primaveral, es recomendable:
- Cuidar la alimentación, proporcionando a nuestro organismo los nutrientes necesarios, a través de una dieta equilibrada y saludable. Resulta adecuado incrementar el consumo de frutas, legumbres y verduras, y disminuir el de bollería industrial y alimentos precocinados, entre otros. También es importante ingerir más líquidos en esta época para prevenir una posible deshidratación, ya que se produce un aumento de la sudoración como consecuencia de la subida de las temperaturas.

- Tener una buena higiene del sueño, es decir, mantener unos hábitos adecuados y regulares a la hora de acostarnos y levantarnos, tratando de hacerlo siempre a la misma hora. Además, es importante dormir las horas necesarias para que nuestro cuerpo se sienta descansado; para cada persona esta cantidad puede ser diferente, aunque suele estar en torno a 8 horas.
- Realizar ejercicio físico. La llegada del buen tiempo nos anima a realizar actividades fuera de casa, y esto resulta muy conveniente para distraernos, relajarnos y favorecer un mejor descanso a la hora de irnos a dormir. En definitiva, nos ayuda a desconectar de nuestras obligaciones diarias.
- Prestar atención a nuestras emociones. A veces, la astenia puede ir acompañada de cuadros de ansiedad, altos niveles de estrés, así como trastornos depresivos. Es conveniente identificar aquellas situaciones que nos generan malestar para poner en marcha recursos y estrategias que nos permitan un afrontamiento activo y eficaz de las mismas, y si fuese necesario, recibir ayuda por parte de un psicólogo, quien nos enseñe pautas para regular nuestra emociones, y de este modo prevenir la aparición de otros problemas futuros.


Feb 13, 2016 | Psicología
El desarrollo de las nuevas tecnologías ha generado un cambio importante en la forma de relacionarnos y comunicarnos. Gracias a Internet, las redes sociales, la conectividad y los dispositivos móviles, el mundo entero está más conectado que nunca. Vivimos en la sociedad del aquí y el ahora, de lo inmediato y de la necesidad de compartir con el resto del mundo todo aquello que nos ocurre.

Como todo descubrimiento, la tecnología tiene sus ventajas e inconvenientes. Todo depende del uso que le demos. El hecho de poder comunicarnos de manera inmediata con personas que se encuentran a kilómetros de distancia supone un avance incalculable y un alivio para aquellas personas que viven lejos de sus familias y amigos. Tener un acceso ilimitado a toda clase de información y poder mantenernos informados en tiempo real de lo que ocurre en cualquier parte del mundo es también algo inimaginable hace algunos años.
Pero como decíamos, no todo son ventajas y es que cada vez nos comunicamos más a través de los dispositivos móviles en vez de hacerlo cara a cara lo que hace que nuestras relaciones interpersonales se enfríen y se pierda el contacto directo. Es habitual hoy en día asistir a una cena informal con amigos y darse cuenta de que a nuestro alrededor un gran número de personas están más atentas de su dispositivo móvil que de lo que está ocurriendo en la mesa.

Muchas veces el uso de las nuevas tecnologías esconde dificultades para expresar sentimientos o mantener relaciones saludables. Quizá puede costar menos transmitir lo que sentimientos a través de estos dispositivos electrónicos que diciéndolo en persona. Por otro lado, habría que reflexionar sobre la calidad y la autenticidad de las relaciones que se establecen a través de esta vía de comunicación. La información que conocemos sobre la otra persona es aquella que decide ofrecernos y a veces no existen garantías de que sean datos ciertos. Este aspecto supone un riesgo que afecta a personas de todas las edades y en especial a los adolescentes que pueden ser más vulnerables a este tipo de engaños.
La película “Her” (Spike Jonze,2013) reflexiona sobre esta evolución en las relaciones interpersonales y va más allá planteando un futuro donde las personas mantendremos relaciones sentimentales con sistemas informáticos. Sus protagonistas son personas con dificultades para establecer relaciones sentimentales con personas reales que se sienten más cómodos hablando con estos sistemas informáticos inteligentes.
¿Será este el destino de nuestra sociedad?
Desde Ampsico recomendamos un uso responsable de las nuevas tecnologías para no perder nunca la esencia de lo que somos, seres sociales. No permitamos que la tecnología nos distancie, sino que enriquezca nuestras relaciones y nos acerque a nuestros seres queridos.
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