Abr 12, 2017 | Psicología
La risa, además de ser una de las expresiones que refleja la experimentación de emociones positivas, es innata en los seres humanos.
Seguro que a lo largo del día, la risa se asoma a tu cara sin que ni siquiera seas consciente, por ejemplo cuando te encuentras con un vecino, al dar los buenos días a tus compañeros de trabajo, cuando recibes una felicitación o te cuentan una historia divertida. Pero, ¿alguna vez te has parado a pensar en los beneficios que tiene reírse? Sigue leyendo y te contaremos algunos de ellos.
Reirnos…
- Nos ayuda a mantener el bienestar físico y mental con la liberación de una serie de sustancias como las endorfinas (conocidas también como hormonas de la felicidad), que permiten mantener estados emocionales positivos.
- Mejora nuestros sistemas circulatorio e inmunológico.
- Refuerza nuestra autoestima.
- Nos impulsa a afrontar de forma más positiva los problemas cotidianos distrayéndonos de algunas preocupaciones y acortando el ciclo de los pensamientos negativos.
- Previene conflictos ya que reduce de forma natural los niveles de agresividad.
- Favorece la comunicación y enriquece las relaciones sociales.

Como ves, es mucho el poder que tiene algo tan simple como una sonrisa o una carcajada. No pierdas la oportunidad de disfrutar de todos sus beneficios escondidos en los pequeños detalles, en los recuerdos de “batallas” vividas con amigos, en esos ratitos de juego con los más pequeños, en las bromas y en tantos y tantos momentos de tu día a día que sólo tú conoces.


Abr 5, 2017 | Inteligencia Emocional, Psicología
100 deseos para encontrar felicidad
Existe una tendencia generalizada en las personas a buscar la felicidad. Podemos observar esta búsqueda constante en distintas épocas y civilizaciones.
Pero, ¿cómo lograrla?¿cómo encontrar la felicidad?
Algunos nos invitan a pensar que la felicidad es algo estandarizado. Es decir, que hay una única y universal forma de encontrar la felicidad. De esta manera parece que la felicidad se consigue en lugares como los centros comerciales, centros de cirugía estética, estancos de loterías o agencias de viaje.
Sin embargo, y a pesar de lo que algunos manuales puedan llegar a sugerirnos, no existe un método de ser feliz o de encontrar la felicidad. Cada uno de nosotros debe encontrar su modo particular de ser feliz. Freud decía que la felicidad es algo absolutamente subjetivo.
Para comprender esta idea es importarte recordar que la felicidad tiene sus raíces en nuestro interior. Nuestra felicidad está relacionada con nuestros deseos y necesidades. No forman parte de ella los deseos los demás.
En consulta observamos que en muchas ocasiones las personas han estado buscando en el exterior su felicidad. El resultado comúnmente es haber dado “palos de ciego” dedicando tiempo y energía a propósitos que no terminan de reportar la ansiada felicidad.
Para adentrarnos en el camino de buscar la respuesta dentro de uno mismo podemos empezar estudiando nuestros deseos. Nuestros deseos nos dicen más sobre nosotros mismos de los que inicialmente pueda parecer. Nos informan de lo que es excepcionalmente importante es para nosotros mismos.
Por ello, os proponemos elaborar una lista con 100 metas, deseos, objetivos o cosas que deseamos hacer o lograr o conseguir. Para ayudarte en este ejercicio hemos elaborado una plantilla que puedes descargar aquí.
Una vez cumplimentada la lista observaremos si hay algo que nos llama la atención, ¿hay algún deseo muy marcado o repetitivo? ¿has descubierto algún deseo que no estaba identificando?
Podemos observar si estos deseos se podrían enmarcar en una necesidad concreta. Para ellos os ofrecemos la pirámide de Maslow que elabora una jerarquía de las motivaciones y necesidades humanas. Según este psicólogo una vez satisfechas las necesidades más básicas, podremos desarrollar otras más avanzadas como los de la autorrealización.


Mar 10, 2017 | Nuestro equipo de cerca
Hoy os presentamos a una integrante más de nuestro equipo, ella es Julia y esta es su historia.
En este artículo Julia nos habla de su pasado y de su presente, repasamos con ella el camino que le ha traído hasta ser una de nuestras psicólogas.
¿Qué querías ser de pequeña?

Julia Romero de pequeña
Siempre he dicho que quería ser psicóloga, es algo que he tenido claro desde pequeña. Mi gran influencia ha sido mi madre, ella trabajaba con niños con necesidades educativas especiales. Ella no era psicóloga, era maestra de educación especial y logopeda, pero siempre ejercía de apoyo, psicóloga y ayuda a quien lo necesitaba. Recuerdo con especial cariño a un niño Down con el que estuvo varios años y al que ella también cogió mucho cariño. Además, tuve una tía con este mismo síndrome y con la que aprendí que cada persona tiene un don especial, que solo hay que saber verlo. Era la artista de la familia.
¿Un recuerdo de tu infancia/adolescencia?
He tenido una infancia muy feliz, pero sin duda mis mejores recuerdos son del lugar donde veraneo desde pequeña. Aquellos veranos interminables donde todo era posible.
¿Por qué decidiste ser psicóloga?
Me gusta ayudar a la gente, estar en contacto con historias de superación y sobre todo, ver cómo alguien puede crecer y superar retos que previamente ni imaginaba. Ser testigo de ello es un privilegio.
¿Qué es lo que más te gusta de tu profesión?
Creo en las personas y en sus posibilidades, esa es mi gran religión dentro de mi profesión. Pienso que no hay límites externos si no internos capaces de no hacerte alcanzar tus objetivos.
¿El mayor reto al que te has enfrentado en tu profesión?

Julia Romero en Non Stop People
La primera vez que me enfrenté a una paciente, me temblaba hasta el apellido. Pero cuando salí de la primera sesión viví esa maravillosa sensación que me confirmaba que no me había equivocado al elegir mi profesión. Aún no sabía si le iba a poder ayudar como yo deseaba, pero solo pensar el reto que tenía por delante me hizo sonreír para un par de días. Esa misma sensación la experimento cada vez que me enfrento a un nuevo caso, a una nueva historia.
¿Una canción y una emoción?
«Las cosas pequeñitas», Nolasco. «Si me gusta disfrutar por la noche y por el día no es que sea superman, es que me gusta la vida, me gusta saborear las cosas más pequeñitas, las cosas más chiquititas..», es el estribillo de mi canción preferida y creo que resume mi emoción preferida. Ilusión y ganas de vivir, de disfrutar de todo y con todos.
Alguien a quien admiras y se merecería una entrevista.
Tengo varios referentes profesionales y dos personales. De ellos elijo a la persona que más me ha enseñado en esta vida, quién ha sabido luchar, reinventarse y volver a sonreír después de vivir la peor de las situaciones. Tesón, cariño, amor, humildad, profesionalidad, corazón… la lista de adjetivos preciosos no termina para definir al que es el amor de mi vida, mi padre.
Tu lugar favorito en el mundo.
Mi playa, mi terraza, pero rodeada de los míos. Ellos son los que hacen de aquel lugar un sitio mágico y paradisíaco.
¿Qué otras pasiones tienes?
Bailar flamenco, ir de feria en feria con mis primas y amigas, reír, ver la novela de después de comer con mi padre, viajar a Cádiz, estar en la playa tostándome al sol, hacer running, comer jamón y por supuesto, ¡los carnavales!
Un material que te guste mucho para trabajar y que recomendarías.
La primera, la imaginación. Y segundo, marionetas, ya que te dan la oportunidad de representar lo aprendido y reforzar el conocimiento que estás trabajando. Ahí mezclas cuentos y lo que se te ocurra.
Para terminar, una frase que tengas presente en el día a día:
«No dejes para mañana lo que puedas reír hoy»

Foto: BP
Nov 22, 2016 | Inteligencia Emocional, Psicología
Adiós, miedo
El lenguaje es el vehículo a través del cual expresamos nuestra realidad y le damos sentido a nuestro mundo. Pero, ¿cómo hablamos de los problemas a los que nos enfrentamos? Es una tarea difícil, y más aún, cuando se trata de situaciones en las que el sufrimiento puede bloquearnos y no dejarnos expresar lo que sentimos. Y es que la forma en la que pensamos y hablamos de nuestros problemas influye tanto que puede contribuir a alimentarlo o, por el contrario, ayudarnos a ver otras perspectivas.
Un recurso poderoso para crear nuevos enfoques a los problemas contra los que luchamos son las cartas terapéuticas, ya que nos ayudan a desarrollar un nuevo lenguaje .
A lo largo de los años, en Ampsico hemos podido leer cartas terapéuticas muy poderosas que han ayudado a parejas a ir más allá de los conflictos que les separaban o a adolescentes a superar situaciones de bullying. De entre ellas hemos seleccionado una muy especial. Y es que nos gustaría compartir la fuerza y energía que contiene esta carta con la esperanza de que pueda aportar luz a otras personas que se viven atrapadas por el miedo.
Esta carta es para ti:
Despedida al miedo
Hola, miedo
Hoy quiero despedirme de ti, después de haber convivido contigo durante más de 25 años de mi vida.
La convivencia contigo ha sido horrible.
He temblado, he sentido taquicardias, he llorado y lo peor de todo es que me he sentido anulada como persona.
Digo había porque ya no lo estoy.
Jamás en mi vida había imaginado que una persona podía sufrir tanto y sentir tanto pánico,
Te odié.
Pensé que nunca me enfrentaría a esta situación y podría gritar:»soy libre”.
Eres un cobarde, solo los cobardes se aprovechan de una persona maltratándola pagando los complejos que te invaden.
Eres un egocéntrico, lleno de complejos que jamás pudiste subsanar.
Querías acabar conmigo pero no contabas que yo tenía mis armas y estas armas son mis hijos y las ganas de salir adelante sin mirar atrás.
Ahora ya te he vencido te he cortado las raíces y caes al suelo sin poder ponerte de pie.
Nunca más vas a poder hacerme daño porque eres mi pasado y de mi pasado solo saco la experiencia para vivir mi presente.
Cierro un capitulo que me ha ocupado el 70 por ciento de mi vida, y jamás volverás a tener la oportunidad de que vuelva a sentirte.
Hasta nunca, miedo.
Por último nos gustaría recordarte que estamos a tu disposición si tienes dudas, preguntas o deseas compartir tú experiencia.


Nov 7, 2016 | Psicología
Aprende a preguntarte si eres feliz
Todos, absolutamente todos, nos encontramos en una continua lucha por encontrar la felicidad.
Curiosamente nadie se pregunta si es feliz, y cuando lo hace suele ser al final de un ciclo, al final de una relación por ejemplo. Cuando me refiero a una relación puede parecer que solo tienen cabida las relaciones de pareja pero no. También tienen cabida las relaciones laborales, familiares, con amigos, etc.
Después de varios años sometido al constante estrés que suponen determinados trabajos, después de varios años respondiendo infatigablemente a las necesidades y demandas del entorno laboral, decides tomar conciencia de que lo que haces no te gusta. ¿Nunca te gustó? Si, seguro que lo hizo, pero el desgaste psíquico al que nos someten determinadas circunstancias solo dejan libre el camino del cambio, y lo peor, llega un momento en que el desgaste es tan grande, tan brutal, que solo ves un camino, el de la huida. El de alejarse, el de no mirar atrás. Y justo entonces, segundos antes de tomar la decisión de irte, de abandonar, de pasar página… llega la pregunta ¿soy feliz? Claro, la respuesta es no.
Lo mismo se puede decir de otros ámbitos, el día a día te desgasta y entras en la inercia de moverte al compás que lo has hecho en los últimos años hasta que la última gota llena el vaso y entonces la pregunta: ¿soy feliz? Y la respuesta: NO.
En estos casos quizá el momento elegido para hacerse la pregunta no sea el más apropiado. Ese tipo de preguntas existenciales en las que uno se lo juega todo a la respuesta deberían ir acompañadas de sosiego y calma. Lo peor de esta situación es la facilidad para generalizar que tenemos en esas circunstancias porque en un segundo ya no es que no seamos felices en ese momento sino que acabamos viendo que nuestra infelicidad ha marcado los últimos años de nuestra vida.
La decisión que tomemos en ese momento, gobernados por la ansiedad, no será, con toda seguridad, la que más nos beneficie a largo plazo: “jamás tomes decisiones estando enojado ni hagas promesas estando pletórico”. La razón es obvia, seguramente en ambos casos los resultados serán catastróficos.

Creo que la pregunta es mejor hacérsela en el día a día, eso nos ayudaría a tomar conciencia de lo que tenemos o lo que nos falta al margen de agotamientos psíquicos. Es como adelantarse al cataclismo e intentar paliar, viéndolo venir, el resultado final. Claro, eso no quiere decir que nada sea inmutable sino que seguramente hacerse la pregunta al final del camino, agotado física y psíquicamente determina la respuesta. Si nos adelantamos quizá, solo quizá, el desgaste sea menor y podamos ver rayos de luz que nos permitan modificar el rumbo trazado evitando llegar al momento final en condiciones de desventaja.
Cuando agotados psíquicamente por las circunstancias que nos rodean decidimos cambiar de rumbo no debemos olvidar que la medida se toma en condiciones complicadas y muchas veces erróneas. Nos hemos acostumbrado a ver películas en las que el protagonista, tras una relación tormentosa con su jefe, decide abandonar su empresa y con sus últimos ahorros monta un pequeño negocio que prospera rápidamente y que le lleva a ser un hombre rico en pocos meses. Esto casi nunca ocurre y los cambios vitales drásticos, salvo que vayan acompañados de un apoyo económico, familiar o de cualquier otro tipo que amortigüen la caída, suelen acabar mal.
En este orden de cosas es donde definitivamente toma importancia la capacidad de cada uno para encontrar la válvula de escape que le permita soltar presión cada cierto tiempo. Aquí es donde aparece la importante capacidad para detectar las emociones, no solo en uno mismo sino también en los demás. Ambas capacidades son importantes. Cuando detectas tus emociones llegas a conocerlas y cuando las conoces puedes limitar aquellas que no te agradan y fomentar las que son beneficiosas.
Las emociones negativas, miedo, ira, tristeza, ansiedad nos merman, nos agotan, modifican nuestros organismos hormonalmente, producen aumentos de tensión arterial, enfermedades coronarias, trastornos graves, disminución de las defensas. Cuando uno esta inmerso en estas emociones como consecuencia de un constante desgaste emocional del orden que sea… ¿Como se supone que va a ver felicidad en ningún sitio? Este demostrado que las emociones negativas bloquea nuestra capacidad de razonar.
La felicidad es quizá un estado que no observamos a diario, que no sentimos a diario porque lo tenemos idealizado. Creemos que es algo más de lo que tenemos. ¿Que tal si cambiamos la pregunta? ¿Que tal si la pregunta pasa a ser si eres infeliz? ¿Eres infeliz? La mayoría diréis que no… ergo… SOIS FELICES. Sois felices y ¡no lo sabíais!
Antes de esperar al final de un ciclo para haceros la pregunta ¿SOY FELIZ? es recomendable que os la hagáis a diario y de modo inverso (¿SOY INFELIZ?) y que identifiquéis aquellas cosas que hayan bloqueado o intentado bloquear vuestra capacidad para ser felices durante ese día. Ese es el momento de cambiar cosas, de poner en funcionamiento habilidades sociales si el problema está en las relaciones personales, por ejemplo.
De este modo quizá acabéis queriendo un cambio vital pero las condiciones en las que llegareis a ese momento no serán las mismas. Si te ayudas en el día a día a identificar y neutralizar lo malo y fomentar lo bueno que hay en ti, el camino será más cómodo. Quizá la meta es la misma… el cambio… pero seguro que no es lo mismo llegar a esa meta tranquilo, sosegado, feliz y optimista que agotado, triste, con miedo y ansiedad y sin ganas de nada.
La dificultad de esta sugerencia está en desarrollar esa capacidad para preguntarte a diario si eres infeliz. No es nada fácil que nos interesemos en nuestros propios estados emocionales, requiere una atención plena en lo que sentimos en cada momento y eso sólo se puede conseguir mejorando nuestra inteligencia emocional pero… ¿se puede mejorar la inteligencia emocional de cada uno? Por supuesto, pero requiere que un profesional en ese campo te ayude a desarrollarla. No es un proceso difícil, de hecho puede ser muy divertido y ameno. El único requisito es, simplemente, que tú quieras que tu bienestar vital, tu calidad de vida, en definitiva tu felicidad, mejoren… ¿te apetece?


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