Cómo ser más positivo sin morir en el intento

Cómo ser más positivo sin morir en el intento

Cómo ser más positivo sin morir en el intento

Todos y cada uno de nosotros, en algún momento de nuestra vida, tenemos algún que otro problema que nos genera cierto malestar para llegar a resolverlo. En ocasiones esta situación nos provoca cierta incertidumbre e incluso depresión y además hace que creamos que no vamos a ser capaces de resolverlo…

Cuando lo comentamos con algún amigo o familiar, suele ser una respuesta habitual la de “bueno… sé más positivo…”. Es muy fácil decirlo, pero en ocasiones difícil llegar a hacerlo, diría yo…

Pues para dar respuesta a estas sugerencias de nuestros seres queridos, aquí os indicamos algunas propuestas para serlo de modo más productivo y llegar a mirar las cosas desde un punto de vista más positivo:

  1. No te centres en el problema y céntrate más en la solución. Proponte objetivos a alcanzar y plantéalos de forma sencilla y por pasos, para poder legar a ilusionarte el poder iniciarlos. Cuando propongas los pasos de este proyecto, plantea ideas diversas para poder resolverlo o por lo menos llegar a acercarte a ello.
  2. Haz las cosas con confianza. Aunque creas que no estás seguro de lo que haces, hazlo, ya que al hacerlo te darás cuentas de que lo haces bien, y aunque no lo hagas, tienes la oportunidad de corregirlo. Pero No te culpes… ya que esta opción hace que pierdas tu confianza.
  3. Céntrate en lo que dependa de ti. Es así como podrás recuperar tu confianza, ya que podrás centrarte en lo que está bajo tu control, en lo que sí puedes hacer, que es lo que depende de ti. Supera las pequeñas tareas que te plantees y que te reforzarán en la dirección que quieres, y no dejes que el entorno te desvíe de lo que puedes llegar a hacer. Es así como te darás cuenta de que tú estás al mando.
  4. Recupera tu presente. Por muy malo que sea, tu presente es donde puedes actuar para poder hacer cosas y cambiarlo. No te centres en el pasado, y sobre todo no anticipes tu futuro ya que este dependerá de lo que haces precisamente ahora. Y huye de la queja, que es algo que te pondrá de nuevo la duda de ti mismo.

  5. Ojo con lo que te dices a ti mismo/a. El lenguaje es lo que construye nuestro pensamiento y si lo que nos decimos es negativo, tendremos una visión de lo que nos rodea más alejada de las emociones positivas. Si te mantienes animado y alegre, te será mucho más fácil pensar de forma positiva. Haz que las cosas pequeñas sean importantes y haz que estas sean más importantes que las grandes cosas que quedan por resolver.

  6. Recupera tu red social. Siempre está bien tener a alguien cerca para cuando necesitemos. Es bueno saber que tenemos a amigos y familiares que creen en nosotros, y van a ayudarnos a recuperar nuestra ilusión.

  7. Observa y pon atención en las pequeñas cosas de tu día a día. Estas que hacemos de forma casi automática que, aunque pasan desapercibidas, nos hacen volver a creer en nosotros mismos y recuperar la confianza (p.ej. Preparar la comida, ducharse, el paseo para ir al trabajo o llevar a los niños, mirar por la ventana y observar el día que hace, escuchar algo de música que te gusta…).

  8. Recupera una buena alimentación y haz algo de deporte. Aunque parece trivial y poco importante, una buena alimentación y hacer algo de ejercicio es algo útil para recuperar una buena salud física y mental. Haz que los momentos de comer sean momentos que te agradan no solo el estómago, sino también tu cerebro.

Estos consejos y muchas otras acciones que irás haciendo conforme vayas recuperando tu seguridad y confianza, harán que te centres más en tu vida y sobre todo en lo que verdaderamente importa que es tú mismo/a.

La satisfacción puede empezar por un par de zapatillas

La satisfacción puede empezar por un par de zapatillas

Correr es algo natural e inherente al ser humano. Todos sabemos correr. Está en nuestro ADN, en nuestra estructura morfológica y en nuestra mente. No así montar en bicicleta o nadar, actividades no naturales y que requieren una preparación o aprendizaje previo en cualquier ser humano.

 

Por ejemplo, salir corriendo, es una respuesta involuntaria. Es una respuesta mental e inconsciente ante algún peligro inminente que requiere una rápida respuesta por nuestra parte. La evaluación de ese peligro (un accidente, una situación violenta, una noticia trágica, etc.) por parte del cerebro, incita generalmente a la acción rápida, y activa nuestro cuerpo para responder de forma inmediata en base a la decisión que tomamos en ese momento. 

 

Pero correr puede ser también una herramienta consciente de respuesta voluntaria ante algún peligro existente en el medio o largo plazo. Son esos peligros que están ahí, que no solemos ver, y que poco a poco van haciéndose más grandes y difíciles de gestionar.

running

Vivir descontento, sin ganas, con poca ilusión, sin rumbo, con estrés constante, con inseguridades, con falta de confianza en uno mismo…son “peligros”. “Peligros” que nos acechan a todos en algún momento de nuestras vidas, y de los que es necesario salir adelante. Unas veces cuesta más, y otras menos. Todo depende de qué hagas para cambiar la situación: no hacer nada, es lo peor que puedes hacer. 

 

Correr puede ayudar a cambiar estas situaciones. El “running”, como se dice ahora, es la actividad deportiva por excelencia para ayudarte a sentirte más satisfecho con tu vida y acabar con esos “peligros”. 

 

¿Por qué correr?

  • Sales de la rutina de siempre y cambias tus hábitos. Ya sólo ponerte las zapatillas e intentarlo, es el primer triunfo.
  • Haces ejercicio. Vital para mejorar tu salud (junto con otro tipo de hábitos) y previene de contraer determinadas enfermedades.
  • Cada pequeño reto que superas, es un triunfo. Un día 10 minutos, otro 15, 20, así hasta seguir superándote. Así hasta que un día te metes 10 kilómetros en menos de una hora. No hay límites. Los pones tú.
  • Cuando terminas el reto diario, no hay mayor sensación de felicidad y satisfacción que haber logrado tu objetivo. La serotonina que segrega el cerebro tras un entrenamiento es capaz de generar en una persona, una increíble sensación de bienestar y satisfacción.
  • Esa sensación de satisfacción, unido a una rutina de entrenamiento ordenada, son capaces de mover montañas y de evolucionar hábitos y comportamientos diarios en cualquier persona. Le cambian la vida.
  • La experiencia de entrenar, de afrontar dificultades en la carrera, de perseverar, de tener malos días y de superarlos, es una riquísima fuente de aprendizaje para el día a día en tu vida personal y profesional
  • En el medio plazo serás capaz de comprobar cómo día a día tu vida ha ido mejorando en cuando a satisfacción. Te sientes más seguro de ti mismo, más feliz con los demás y con una mayor ilusión por todo aquello que te rodea.

 

El “running” es una medicina perfecta para mejorar la satisfacción en general con uno mismo y con la vida que tenemos. 

Beneficios correr

 

Una vez llegado hasta aquí… ¿Quieres empezar a correr? ¿No sabes cómo empezar? A continuación te mostramos una pequeña guía de ayuda para que puedas arrancar de la forma más sencilla posible:

 

  1. Piensa en un parque cerca de casa, un lugar donde pasear, desconectar y sentirte libre.
  2. Sal cuando puedas, e intenta aprovechar el sol. Eso sí, ponte unas zapatillas deportivas, si puede ser, especiales para correr.
  3. Comienza andando, al menos la primera media hora. Ve a un ritmo creciente hasta que empieces a sentir “calor”.
  4. Pasada media hora comienza a correr, despacio, con calma… intenta aguantar al menos 10 minutos. Vas a sufrir, pero ese sufrimiento es la clave del esfuerzo y de la mejora. ¡Verás como pronto merece la pena!
  5. Cuando “no puedas más”, para y sigue caminando al menos 15 minutos.
  6. Cuando acabes… piensa: ¿cómo te has sentido? ¿Con cuántos corredores te has cruzado? ¿Crees que merece la pena correr para mejorar tu estado de ánimo y tu fortaleza?
  7. Intenta seguir esta rutina con regularidad, por ejemplo, dos veces a la semana… y trata de correr cada vez más tiempo… Ten paciencia, pero el primer mes ya verás como algunas cosas irán cambiando.

 

Dicho esto… ¿a qué esperas para ponerte un par de zapatillas?

 

 

Creatividad y felicidad

Creatividad y felicidad

Creatividad y felicidad

 

La creatividad es la chispa que da luz a nuestra vida.

¿Qué lugar ocupa en tu vida?

 

Tradicionalmente se ha considerado la creatividad como una cualidad exclusiva de “artistas” como músicos, pintores, escritores… Pero lo cierto es que esta visión de la creatividad es demasiado simple y nos deja a fuera a muchos creativos. Personalmente prefiero la creatividad entendida como lo hace Guilford, psicólogo especialista en inteligencia, según el cual todos y cada uno de nosotros/as tenemos las cualidades de fluidez, flexibilidad, originalidad y pensamiento divergente. O dicho de otro modo, todos y cada uno de nosotros somos creativos. 

Y sin embargo, ¿cuántas veces hemos oído eso de “yo es que no soy creativo”? Puede que incluso lo hayas dicho tú mismo/a. Entonces si todos somos artistas en potencia, ¿cómo es que tantas personas tienen limitada la creatividad? Parece que algo bloquea este potencial en muchas personas y las hace vivir ignorando ese lado de sí mismos/as. Te planteo la siguiente cuestión:

 

Si bien ser creativo es parte de nuestra naturaleza, ¿no sería entonces vivir sin creatividad una manera de estar incompletos?

 

Para ilustrar este bloqueo y entenderlo mejor no hay nada mejor que el corto de Alike. Nos muestra perfectamente cómo en la vida va desapareciendo el brillo de la creatividad infantil por el tono grisáceo de las obligaciones del mundo adulto.

 

 

Creatividad en mi día a día como psicóloga

 

Continuando con mi hipótesis, he reflexionado sobre qué lugar ocupa la creatividad en mi día a día. Creo que en mi vida profesional la creatividad está presente de manera transversal, es decir, que atraviesa todos los pasos de la intervención psicológica. Al fin y al cabo los psicólogos realizamos un proceso creativo que va desde lo colectivo (todos somos creadores) a lo personal (el arte de ser uno mismo). Lo cual para mi es un gran honor. 

Para entender más este concepto de desarrollar el arte de ser uno mismo me ayudaré de Maslow, que lo hace mucho mejor que yo. A. Maslow, uno de los fundadores de la psicología humanista, explica cómo el concepto de creatividad y el de persona sana, realizadora y plenamente humana están muy cerca y puede que hasta resulten ser lo mismo. 

 

Conecta con tu creatividad en 4 pasos.

 

Puede que en este punto te estés planteando cómo puedes hacer que la creatividad vuelva a aportar brillo en tu vida. Aquí van 4 consejos que puede que te resulten de ayuda:

1.- Equivócate. De entre los grandes enemigos de la creatividad destaca el perfeccionismo. Tal y como Erich Fromm postula, la creatividad requiere tener el valor de desprenderse de las certezas. 

2.- Ten citas. La autora de El Camino del Arista, Julia Cameron, propone que tengas citas con el artista, pero no cualquier artista, sino tu propio artista interior. Esto se traduciría en crear oportunidades para inspirarte. Puede que para ti inspirarte sea dar un paseo por la naturaleza, visitar algún museo o ver escaparates… Lo importante es que estés contigo mismo/a en un entorno estimulante.

3.- Abúrrete. Cuando era pequeña solía repetir la cantinela de “Mamá, me aburro…” . A lo cual mi sabia madre siempre respondía igual “Qué bueno cariño, aburrirse de vez en cuando es buenísimo”. Imagínate mi cara 🙂

El caso es que tenía razón. En ocasiones llenamos nuestras agendas hasta el infinito y más allá. Sin espacios en blanco la creatividad tiene muy complicado hacerse un hueco. Si podemos reservar espacios vacíos tendrás un campo de cultivo excelente para tu creatividad. Si esto te interesa, te invito a leer más sobre el vacío fértil.

4.- Juega. Otro gran enemigo de la creatividad es la rutina y la monotonía. Pregúntate si puedes permitirte sacar a jugar a tu niño/a interior.

 

Resumiendo, las personas creativas son capaces de flexibilizar y encontrar nuevas soluciones. Además están más conectados con su mundo emocional. Dicho de otro modo, el desarrollo artístico no se basa en un conjunto de técnicas brillantes sino en un proceso de desarrollo personal y de manera de vivir.

¿No es ese un gran potencial para tu felicidad y bienestar?

 

Cristina García Van Nood, psicóloga en Ampsico

 

 

 

Los deberías: esclavos de nuestras autoexigencias

Los deberías: esclavos de nuestras autoexigencias

En nuestro día a día nos enfrentarnos no sólo con las demandas que nos marca la sociedad y el ritmo de vida, sino también con aquellas exigencias que nos imponemos a nosotros mismos, a través de un diálogo en el que emisor y receptor son la misma persona. Tal vez no te hayas parado a reflexionar sobre ello, pero ese discurso interno muchas veces está repleto de una serie de mandatos rígidos y reglas que llegamos a creer que son  de obligado cumplimiento; nos referimos a los “debería” y los “tendría que…”.

Los pensamientos formulados en términos de debería y tendría que se aplican no sólo a uno mismo, sino también a otras personas y al mundo o la vida en general. Podemos citar varios ejemplos:

-Referidos a uno mismo: “Tendría que adelgazar”, “debería tener éxito siempre”

-Referidos a los demás: “Los demás/otros tendrían que ser amables y considerados conmigo”

-Referidos a la vida/el mundo: “La vida debería ser justa”

Como vemos, esta forma de pensar nos lleva a interpretar la realidad en términos absolutos, carentes de flexibilidad, y las consecuencias emocionales de querer alcanzar a toda costa estas expectativas pueden ser bastante negativas, generándonos sentimientos de profunda culpabilidad, ira/rabia, frustración, impotencia, insatisfacción, y repercutiendo también en nuestra autoestima.

Pero, ¿de qué forma surgen estas maneras de pensar? Suelen formar parte de un aprendizaje que comienza a partir de experiencias tempranas, de la influencia que ejerce sobre nosotros el entorno (la familia, los amigos, la sociedad…), cómo poco a poco vamos seleccionando e interiorizando determinados patrones de pensamiento que creemos que son adecuados por el refuerzo externo que obtenemos y que nos impulsa a repetir un modo de pensar o de actuar concretos.

El hecho de que este tipo de creencias estén, a priori, tan fuertemente arraigadas, no quiere decir que no se puedan modificar. El primer paso consiste en darnos cuenta de su existencia, identificarlas y hacerlas conscientes. A continuación, podemos cuestionarnos su utilidad: ¿Voy a conseguir ser más feliz por cumplir esas exigencias? ¿Voy a obtener la aprobación de los demás si hago las cosas o pienso como creo que esperan de mí? ¿Realmente es necesario para mí, para mantener mi coherencia, mis principios, mis valores, actuar conforme a ese tipo de mandatos?

Para ayudarnos en el cuestionamiento de estas normas autoimpuestas, empecemos por replantearnos el modo en que nos hablamos. La idea es afinar nuestro lenguaje, suavizándolo. Por ejemplo, ¿por qué no cambiar los “debería/tendría que…” por “me gustaría/preferiría/quiero”? De este modo, pasamos de utilizar una formulación imperativa a otra que nos predispone más a actuar con decisión.

En definitiva, se trata de ser amables con nosotros mismos. Al fin y al cabo, tú eres la persona más importante de tu vida.

Begoña López

¿Alguna vez te has sentido como un barco a la deriva? No estás solo

¿Alguna vez te has sentido como un barco a la deriva? No estás solo

¿Alguna vez te has sentido como un barco a la deriva?

En los años que llevo trabajando como psicóloga, he tenido el privilegio de escuchar infinidad de historias preciosas e inspiradoras. He aprendido que aunque las experiencias de cada uno sean diferentes conectan con todos y cada uno de nosotros. De corazón a corazón.

Quiero compartir con ustedes una de las cartas reflejo de esta historias. Está escrita desde el sabio interior que todos llevamos dentro. Este es el trayecto de una valiente que logró superar la culpa y encontrar la felicidad.

Soy un barco… 

 

A mi me hubiera gustado ser un velero. Por qué un velero te preguntarás. Por el placer de surcar las aguas sin preocupaciones, tranquila y solo pensando en llegar a puerto…

 

Pero claro, yo no soy así. ¿Y qué tipo de barco soy? Pues soy un barco carga o mercancía, que va surcando las aguas de la vida, parando en cada puerto y recogiendo carga y más carga… de la hermana, de la madre, del padre… Y así poco a poco el barco se va llenando. En pocas ocasiones voy a lo mio sin preocuparme por los demás. Porque uno no elige el tipo de barco que es. O eso creía yo…

 

Cada vez me cuesta más surcar estas aguas de la vida. La travesía sigue pero cada vez es más lenta y costosa. Decido que hay que soltar carga, pero no puedo, porque entonces me asalta la culpa. Esa culpa que me juzga y que dice que eso no es lo correcto. Pero en realidad soy yo misma la que me estoy juzgando, no los demás. Supongo que los demás pensarán que no estoy haciéndolo bien si no los escucho o no les ayudo. Pero realmente son suposiciones de mi cabeza y esa culpa es la carga más pesada de todas.

 

perdido, a la deriva

Llegó un día en el que empecé a hundirme. Entro agua y más agua y me fui yendo al fondo. Entonces, justo en ese momento, es cuando decido pedir ayuda. Pero claro no cualquier ayuda sirve para rescatarme. Necesitaba una ayuda especializada.  Porque vi claro que seguiría hundiéndome y mi carga conmigo.

 

Gracias a la ayuda recibida conseguí salir a flote, aprendiendo que nadie me puede juzgar ¿Qué esta bien y que esta mal de nuestras acciones al fin y al cabo?

 

El peor juez es uno mismo y nos creamos esa culpa de la que tanto nos cuesta despegarnos. No soy peor persona por no poder con todo lo que me echan encima o por poner límites en mi vida.

 

Seguro que los demás lo entienden, pero la primera persona que tiene que entenderlo soy yo y no nacerá la culpa.

 

He aprendido que la vida es el mar y yo soy el barco que fluye. El agua del mar me ayuda a flotar pero sino tengo cuidado me puedo ahogar.

 

Ahora puedo decir que soy bastante más velero y menos barco de carga. Porque este barco puede cambiar y ser lo que yo quiero que sea.

 

liberate de la culpa

Gracias, barco de rescate.

                                                                                                                    Anónimo

 

 

Desde pequeños tenemos que aprender a vivir en este mundo. Sin embargo no siempre es fácil. Para superar los obstáculos que nos vamos encontrando vamos desarrollando estrategias. Como por ejemplo ayudar a los demás, ser fuerte, no mostrar la vulnerabilidad… Estas estrategias pueden llegar a resultar obsoletas en nuestro presente. Poniendo conciencia en nuestra forma de afrontar la vida podemos decidir cuáles de nuestras acciones nos están ayudando y cuáles nos están saboteando. Y desde ahí decidir que tipo de barco queremos realmente ser 🙂

 

Experiencias como las que encontramos en esta carta producen un impacto positivo no solo en el/la autora. Sino que se convierten en una herramienta que puede ayudar a otras personas que se encuentren en una situación similar. Estas cartas de sabios crean una comunidad de personas que han marcado la diferencia. Al fin y al cabo el amor se hace más grande a medida que lo compartimos.

Cristina García Van Nood, psicóloga en Ampsico

 

 

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